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Un mirada sobre la pandemia desde el sudoeste de la ciudad de Buenos Aires

Territorios vulnerados y anticuerpos

18/04/2020 - La crisis mundial que nos atraviesa está generando nuevas situaciones que, como nunca antes en la historia, impactan en la vida de cada uno de los habitantes del planeta y en los territorios. A su vez, pone de manifiesto y resalta injusticias y problemáticas históricas dándonos la oportunidad de repensar-nos y posicionar-nos para tomar mejores decisiones en un presente donde las incertidumbres y los riesgos son altísimos y el futuro mismo está en disputa. La desigualdad en la inversión y distribución de recursos entre el norte y el sur de la ciudad es evidente, en forma constante el sur resulta más desamparado y vulnerabilizado.

 

EMBLEMA DEL BARRIO
PARQUE AVELLANEDA

Nombre dado por Ordenanza N° 26.607, Boletín Municipal 14.288 del 04/05/1972.

Límites: Av. Juan B. Alberdi, Escalada, Av. Castañares, Lacarra, Av Tte. Gral. Luis J. Dellepiane, Portela, Av. Directorio y Mariano Acosta.

Población total: 54.191

Hombres: 25.484

Mujeres: 28.707

Superficie: 5,1 Km2

Densidad poblacional: 10.614 Hab/km2

(Censo del 1º de julio de 2001 )

 
   

Frente al consenso general de que las personas mayores y la población de riesgo deben recibir un trato prioritario frente a la pandemia, atendiéndose sus necesidades por su posición de mayor riesgo, también así debemos comprender que las decisiones de políticas públicas deben equilibrar el desajuste regional y priorizar las inversiones para no seguir acrecentando las diferencias.

El sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, casi todo lo que está por debajo de Rivadavia y más precisamente el sudoeste, tiene una "enfermedad preexistente" a la pandemia actual. Esta situación no es nueva y es fruto de políticas públicas centralizadas que fueron priorizando, desde principios del S. XX, las inversiones en los sectores donde la ciudad se iba desarrollando. En las últimas décadas primó la especulación inmobiliaria y un trato preferencial a las clases de mayor nivel adquisitivo, quedando el sudoeste relegado, como un lugar para "ciudadanos de segunda". Una ciudad con una fachada para el turismo, áreas con equipamiento y servicios especiales para la zona norte y el sur como el patio de atrás o el galpón del fondo donde se coloca todo lo que molesta o se quiere ocultar. Allí se implantó el Matadero, a principios de 1900, para utilizar al arroyo Cildáñez como una cloaca a cielo abierto que arrojara las heces del ganado al Riachuelo. Posteriormente, en coincidencia con las corrientes higienistas y el primer centenario de la Patria, se inauguró el periodo en que se construyeron casi todos los hospitales públicos de la ciudad. En el sur se decidió no colocar ninguno. En 1940, para mitigar las inundaciones del arroyo Maldonado, se colocó el llamado "canal aliviador" que aún continúa derivando las aguas del 40% de la cuenca del Maldonado al arroyo Cildáñez resultando un "canal inundador" de los barrios del sur. Durante la última dictadura el paso de la autopista fragmentó la ciudad y destruyó espacios verdes públicos, como el Parque Avellaneda y el Parque Chacabuco. La promesa de extender el subte nunca se concretó y solo tuvo como paliativo un Premetro de bajísima calidad que nos retrotrae a la época de los tranvías. En la última década, la represión en el Parque Indoamericano, la terrible inundación del 2013 y el incendio del CESAC 14 dejaron heridas que todavía están abiertas. Por todo esto, no es casual que se concentren la mayor cantidad de villas y asentamientos con población vulnerabilizada e invisibilizada. Esta situación hoy se ve agravada por una epidemia de dengue (alrededor de 5000 casos en CABA) fruto de la falta de políticas de prevención del Gobierno de la Ciudad durante el invierno y que por el momento para los barrios del sur es mucho más preocupante que el COVID.

   
   

   
   

Aun así, también es necesario decir que con el tiempo se han generado “anticuerpos”: situaciones particulares, distintivas, que permitieron transformar la realidad a favor de los habitantes locales y mantener la vida. En los últimos 30 años en este mismo sudoeste hay un entramado de experiencias de participación ciudadana corresponsables, que supo aprovechar el impulso de periodos de un estado presente que promovía la gestión asociada y fueron capaces de conformar una red que reconstruyó el tejido social e instaló el hito más importante de democracia participativa de la ciudad. Los factores comunes de estas experiencias son la planificación y gestión participativa del territorio, el reconocimiento de la historia y la identidad como raíz fundante de cualquier política pública.  Así como también la conformación de espacios de trabajo, donde técnicos, políticos y la comunidad aportan sus saberes en un ámbito horizontal que toma sus decisiones por consenso. Son ejemplos de estas experiencias la MTC, Mesa de Trabajo y Consenso de Parque Avellaneda, la RICC (Red Intercomunal de la Cuenca del Cildáñez) y la Mesa de Salud de Cildáñez, entre otras capaces de construir propuestas que transformaron el territorio, mejorando la calidad de vida y sentando precedentes de nuevas formas de articulación entre estado y sociedad. Dichas experiencias lograron un grado importante de institucionalidad reconocidas por la legislatura y por ACUMAR (Autoridad Cuenca Matanza Riachuelo).

Si bien dichas redes de participación y solidaridad constituyeron y constituyen “anticuerpos” de defensa frente a situaciones de conflicto, urge generar mecanismos similares para los territorios que fueron históricamente degradados y hoy tienen una situación de alto desequilibrio para responder a esta crisis pandémica. Pero está lejos de ser así, cada una de las decisiones que el Gobierno de la Ciudad viene tomando y muchas veces se ocultan a la opinión pública, generan más desequilibrios y profundizan las desigualdades. Los centros vacunatorios tienen menos sedes y menos dosis para una población con dificultades para movilizarse. La falta de conectividad hace que los chicos y sus familias no puedan responder de la misma manera a las exigencias de la escuela virtual que se promueve. Los recursos de protección para los profesionales de la salud y militantes que están al frente de los comedores populares son escasos. Los refuerzos en los equipamientos de los hospitales también tienen una menor proporción en las áreas que dependen del Hospital Piñero (1917) y el Santojani (1940), como ejemplo, según el documento Plan Coordinado de Contingencia, solo el 10% de las UTI (Unidades de Terapia Intensiva) están para cubrir el sudoeste, el 90 % para el resto de la ciudad. Por último, y quizás el tema de mayor gravedad, es que el Hospital Cecilia Grierson (2009) nunca fue más que una cáscara sin el equipamiento necesario para atender las necesidades reales del territorio y hasta el momento no cuenta con ninguna UTI. 

Esta situación global pone en discusión todo lo que hasta ahora se imponía desde un modelo hegemónico y nos invita a ser protagonistas en las decisiones que se tienen que tomar para afrontar este difícil presente donde la incertidumbre es el factor común y no hay recetas que garanticen un resultado favorable. No sabemos cuál es el futuro cuando esta crisis se disipe, lo que sí sabemos es que es necesario revertir las injusticias en cada una de las decisiones de política pública que hay que tomar con participación real y efectiva. Para superarla, se necesitan soluciones complejas que contengan los anticuerpos que se supieron construir: más planificación y gestión con protagonismo de la ciudadanía, más democracia participativa.

Fabio Oliva
Integrante MTC Parque Avellaneda
RICC y Mesa de Salud Cildáñez

   
 

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