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ORIGEN DE LA VIRGEN DE PARQUE AVELLANEDA

Nuestra Sra. de los Remedios

13/02/2008 - En esta imagen de la Virgen reposa buena parte de la historia de este sector de la ciudad. El casco de la que fuera estancia de los Olivera, hoy Parque Avellaneda, reconoce su presencia desde el origen mismo de la propiedad. La "Chacra de los Remedios", tal como se la conoce aún hoy en día, fue el hogar de esta imagen que, con el correr de los tiempos y luego de la venta de los campos para transformar la chacra en espacio público, se trasladó hasta su nueva y actual morada. La Capilla Tutelar donde se la venera está situada en la calle Francisco Bilbao 4310, esquina Moreto.

 

EMBLEMA DEL BARRIO
PARQUE AVELLANEDA

Nombre dado por Ordenanza N° 26.607, Boletín Municipal 14.288 del 04/05/1972.

Límites: Av. Juan B. Alberdi, Escalada, Av. Castañares, Lacarra, Av Tte. Gral. Luis J. Dellepiane, Portela, Av. Directorio y Mariano Acosta.

Población total: 54.191

Hombres: 25.484

Mujeres: 28.707

Superficie: 5,1 Km2

Densidad poblacional: 10.614 Hab/km2

(Censo del 1º de julio de 2001 )

 
   

La Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo poseía en 1755 la capilla de San Miguel (actualmente parroquial) y un oratorio a Nuestra Señora de los Remedios, patrona menor de la ciudad. Luego la virgen fue colocada en su altar mayor, siendo sacada (en las fechas festivas) en procesión por las calles del barrio.

Con el fin de buscar fondos para financiar la construcción de un hospital, uno de sus pilares, el Padre González, alma de la comunidad, viaja a España por un tiempo prolongado. A su regreso encuentra a su iglesia de San Miguel, amenazada de derrumbe y de acuerdo con el Hermano Mayor de la Hermandad, don Diego de Salas, resuelve levantar un nuevo templo. Aquí encontramos mención a su Chacra de Los Remedios, relatándose el hecho de que sus criados trabajaban allí en la fabricación de ladrillos para la obra.

En 1801 murió el virtuoso padre González Islas y en 1822 se disolvió la Hermandad.

Las tierras son arrendadas entonces por el Sr. Miranda, sumándosele luego Domingo Olivera. Este último aportó a la sociedad como primer capital un lote de 50 vacas que le había ofrecido su amigo Mariano Fernández, para establecer un tambo. Llegada la señora Dolores Piriz Feliú de Olivera (esposa de Domingo) a la antigua Chacra de los Remedios, su primer cuidado fue tratar de ordenar aquello que había quedado tanto tiempo abandonado.

Cuál no sería su sorpresa al encontrar entre un hacinamiento de cosas inútiles una pequeña imagen, igual en un todo a la Virgen de los Remedios venerada en San Miguel, pero tan destrozada que había sido arrojada entre los desperdicios. La recogió cuidadosamente y corrió a comunicar a su marido el hallazgo, rogándole quisiera hacerla restaurar. Objetó éste su situación difícil del momento y estando en su conversación, llegó apresuradamente uno de los peones a comunicarle el extravió de las cincuenta vacas que no se encontraban a pesar de haberlas buscado minuciosamente antes de dar aviso. En la época no se conocían los alambrados por lo que no era de extrañar que los animales pudieran alejarse.

“Si la Virgen de los Remedios, a quien ruego te las encuentre, nos las devuelve ¿la harás componer?” pregunta la señora. “Con toda seguridad”, le responde su marido. Apenas han pasado unas horas cuando llegan las vacas de vuelta al redil, después de haberlas encontrado a bastante distancia, solas en grupo, más allá de Morón.

Cumpliendo con su promesa, coloca a la Virgencita con el niño en la habitación de entrada, en el antiguo “recibimiento”, lo que sería hoy nuestro “hall” o “living room”, sobre una repisa colocada a regular altura, circundada por una verja

La Virgen lucía una corona de plata sobre la cabeza inclinada y un ramo de hierbas aromáticas. Poseía un manto y vestido blanco y plateado. Desde esa ubicación vio crecer a toda una generación, siendo visitada por gentes de diversos lugares, quienes eran atraídos por la fama de los milagros que hacía, especialmente en los males de la vista.

Al morir Domingo Olivera, la casa con su imagen venerada, pasa a manos de su tercer hijo, Nicanor. Al levantar otro piso sobre la antigua casona, la esposa de éste, María Antonia Ramos Mejía y Madero, dispone una mesa altar en una habitación de la nueva torre cuyas tres ventanas daban al poniente, colocando a la Virgen de los Remedios junto a otra antigua imagen de Nuestra Señora del Rosario que había pertenecido a su madre misia Francisca Madero de Ramos Mejía.

Cuantas veces al atardecer caían de soslayo los últimos reflejos de sol que se abrían paso entre la espesa arboleda y llenaban de luz y de sombra al “Cuarto de la Virgen” como se le llamaba y donde estaban congregados los niños que esperaban que comenzara el rosario. ¡Con qué misterio brillaba la cruz de plata que remataba la antigua corona, semejantes a las que se ven en las imágenes coloniales de Perú y Bolivia! ¡Con qué serena mirada penetrante llegaba la Virgencita hasta lo más hondo de las almas infantiles que iban siempre allí para deponer a sus plantas todas sus cuitas! ¡Todos los visitantes de la casa, que eran muchos y muy especialmente los que le pertenecían, las familias de aquellos que se habían formado bajo su mirada, nunca dejaban de saludarla.

Después de cumplido el siglo de nuestra independencia, el entonces intendente Dr. Joaquín S. de Anchorena, quiso hacer de nuestra capital una ciudad europea, dotándola de bosques que la embellecieran y la higienizaran, dando al mismo tiempo esparcimiento a los pobladores de los barrios apartados. Adquirió pues el parque de “los Remedios” hoy Parque Avellaneda y la Virgen salió de allí con sus dueños. 

Una de las descendientes pensó que la Virgen de los Remedios pertenecía de hecho a ese lugar que ya le estaba consagrado y en memoria de sus abuelos, cedió una manzana para ella, a los padres Salesianos, esos santos y esforzados pioneros de Cristo en las pampas solitarias y en los Andes, cuyo granito se levanta como pedestal para la estatua que la República pide para el Beato Don Bosco, que dirigió esos ardientes misioneros y eximios educadores de la juventud, para que allí impusieran su culto y levantasen un colegio.

Resistiéndose a empezar nuevas obras sin tener como sostenerlas, se formó una comisión de familia bajo la Presidencia Honoraria de la única sobreviviente entonces de aquella generación, la Sra. Mercedes Benguria de Olivera, quien murió antes de terminar la modesta capilla que contribuyeron a levantar los que en la familia estaban en condiciones y con la generosa ayuda de otras personas.

Cuando esta se hubo terminado, entregó la Virgen, la Sra. Dolores Martínez de Olivera, viuda de Domingo Olivera, que fue el último dueño de “Los Remedios” y a quienes había acompañado en sus varios lugares de residencia en la ciudad y en el campo.

Fue la Madre de “Los Remedios” que invocaron las pobres huérfanas de San Miguel; y antes que ellas el santo Padre González en sus afanes de caridad; quien hizo luego la felicidad de una familia y por fin, supo exponerse al culto público para que su mirada serena calme las tormentas en el corazón de los que la rodean y la invocan.

¡Virgen de los Remedios y Señora Nuestra! Tu eres la imagen de la paz, de la paz del alma y de la paz en la tierra. Ciñes corona y vistes manto real, para recordarnos que la vida es imposible, sin Obediencia, sin Orden, sin Autoridad. Nos ofreces a tu Hijo –Niño y Excelso – para que derrame sobre nosotros el amor. El amor de Dios que hace que lo soportemos todo, y el amor a los hombres por quienes El dio su sangre y su vida.

¡Virgen de los Remedios! los próceres de Mayo te siguieron por las calles en su infancia. Bajo Tu advocación curaron las heridas de quienes nos dieron patria. ¡Cura Tú hoy, las del alma de quienes nos la quieren quitar! Vuelve a los labios de los niños tu dulce Nombre; y allí donde un día fuiste Reina, sé Misionera y sé Redentora, derramando el aroma de tus hierbas medicinales, que harán el milagro de crear la nueva generación, compuesta de mil facetas, fuerte contra tus enemigos y los de la Patria.

Elvira Olivera de Fragueiro

NdR: Extracto de un extenso trabajo publicado en el sitio web  de la familia Olivera.

   
 

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